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Eduardo Zamanillo Villegas
Eduardo Zamanillo, Mining Business Development Manager Mitsui & Co. Chile

El día en que pocos creían: la historia desconocida detrás de la jugada de Codelco y Mitsui en Anglo American Sur

A veces, las grandes historias corporativas no comienzan en una sala de directorio, ni en Londres, ni en Tokio. A veces empiezan en un archivo público chileno, olvidado, polvoriento, donde un ingeniero—sin glamour, sin lobby, sin titulares—encuentra algo que nadie más estaba mirando.

En 2009, cuando Eduardo Zamanillo asumió como gerente general del area de mineria de Mitsui & Co. Chile, la hoja de ruta era simple: la compañía japonesa quería multiplicar por cuatro su cobre atribuible en Sudamérica. El objetivo era ambicioso. La estrategia, aún difusa.

Y fue en ese vacío donde apareció una historia que cambiaría para siempre la propiedad de uno de los activos más estratégicos de la minería chilena: Anglo American Sur (AAS).

El documento que nadie revisaba

El relato parte con un hallazgo que parece sacado de una novela de archivos secretos, pero ocurrió a plena luz del día.

En algún punto de 2009, revisando antecedentes históricos de Disputada de Las Condes (cuando aún pertenecía a Exxon), Zamanillo se topó con una cláusula peculiar: una opción otorgada a Codelco en los años 80 que le permitía comprar hasta el 49% del negocio cada cuatro años. La siguiente ventana se abría en enero de 2012.

Lo sorprendente no era tanto la existencia de la opción, sino otra cosa: Todo estaba inscrito en el Conservador de Minas de Los Andes. Público. A la vista. Y nadie lo estaba usando.

“Era como encontrar un cheque olvidado en un cajón, pero firmado hace décadas”, recuerda Zamanillo.

Una planta recién expandida y una fórmula que jugaba a favor

Cuando Mitsui empezó a modelar los números, la sorpresa fue mayor. La fórmula del contrato se basaba en el desempeño histórico, no en el futuro inmediato. Y 2011 era todo menos un año normal.

Anglo American estaba comisionando la expansión de Los Bronces, un proyecto multibillonario que elevaría la producción a niveles récord.

Si Codelco ejercía antes de que esos nuevos resultados quedaran registrados en la fórmula… la valoración quedaba obsoleta. Subvalorada. Radicalmente.

Las primeras estimaciones internas de Mitsui situaban el valor de ejercicio en torno a la mitad del NPV real de AAS, sin considerar la enorme oportunidad geológica conocida como la “cuña” entre Andina y Los Bronces—valorada entonces en unos US$ 6.000 millones.

Era una ventana que no se repetiría.

El choque cultural: convencer a Tokio

Hay un rasgo que caracteriza a Mitsui: la prudencia estratégica. La palabra “hostil” no figura en el diccionario de la casa matriz.

Por eso el mayor desafío no fue técnico. Fue cultural. Convencer a Tokio de involucrarse en un movimiento que, inevitablemente, irritaría a Anglo American—socio histórico de Mitsui en Collahuasi y en varios activos alrededor del mundo.

El primer memo que viajó a Japón llevaba un título casi autoirónico:

“Una idea loca”.

Pero el análisis era sólido: oportunidad única, alto valor oculto, portafolio en expansión, upside geológico y un activo de clase mundial.

Con timidez, pero también con precisión quirúrgica, Mitsui comenzó a entender que la operación no solo era viable, sino estratégica.

La puerta inicial en Codelco: del escepticismo al punto de quiebre

Con la teoría madura, faltaba el socio natural: Codelco.

Zamanillo conocía a Diego Hernández desde sus primeros años en BHP. Pidió una reunión.

La primera reacción del presidente ejecutivo de Codelco fue brutalmente honesta:

“Estás perdiendo tu tiempo. La opción tiene un problema fatal”.

Pero ese portazo fue, en realidad, una apertura. Si había un “fatal flaw”, había que encontrarlo.

Mitsui contrató a BMAJ en Santiago y Morrison Foerster en Nueva York. Codelco hizo lo propio con Carey y Cleary Gottlieb.

Meses de análisis después, la conclusión era clara: el supuesto defecto no impedía el ejercicio de la opción. El riesgo era controlable.

Cuando Zamanillo volvió a ver a Hernández, el ambiente había cambiado. Codelco ya había validado su análisis.

“Hay un proceso en marcha”, fue ahora la respuesta. “Pero esto requiere un nivel de confidencialidad extremo. Y lo primero es contar con una carta formal de Mitsui Tokio”.

La carta llegó.

El día que Mitsubishi se adelantó por minutos

La operación avanzaba silenciosamente hacia la fecha clave: 3 de enero de 2012, día en que Codelco planeaba ejercer la opción.

Pero la historia dio un giro cinematográfico el 9 de noviembre de 2011.

Apenas minutos antes de que Codelco notificara su intención formal de financiamiento (US$ 6.750 millones, respaldados por Mitsui), Anglo American anunció la venta del 24,5% de AAS a Mitsubishi por US$ 5.390 millones.

Fue un balazo al corazón del plan. Un movimiento quirúrgico destinado a bloquear el acceso al ansiado 49%.

El conflicto escaló a niveles raramente vistos en la minería chilena, con acciones legales simultáneas en Santiago y Londres.

Meses de guerra fría corporativa

Durante meses, las oficinas de Santiago, Londres, Tokio y Nueva York participaron de una de las negociaciones más tensas de la década. Había cientos de millones de dólares en disputa. Había prestigio institucional. Había presión política. Y había un contrato cuyo espíritu estaba siendo interpretado de manera diametralmente opuesta.

Los equipos legales eran de primer nivel:

Por Codelco:
Carey (Chile) y Cleary Gottlieb (NY)

Por Mitsui:
BMAJ (Chile) y Morrison Foerster (NY)

Por Anglo:
Freshfields y Linklaters

Los meses siguientes fueron una guerra fría: demandas, arbitrajes, amenazas cruzadas, comunicados calculados al milímetro.

El desenlace: nace Acrux

En agosto de 2012, después de un invierno entero de negociaciones, las partes anunciaron el acuerdo final.

– Codelco y Mitsui formaron Acrux, un joint venture diseñado para la operación.

– Mitsui aportó US$ 1.900 millones en financiamiento.

– Codelco obtuvo una participación efectiva cercana al 24,5% de Anglo American Sur.

– Anglo retuvo el 50,1%.

– Mitsubishi quedó con el 24,5%.

No era el 49% original. Pero sí el mayor reordenamiento de propiedad minera en Chile desde la privatización de los años 80.

Una batalla que cambió la industria

A dos años de los hechos, el episodio sigue siendo materia de estudio. ¿Por qué? Porque mostró algo incómodo pero cierto:

A veces, el valor estratégico no se esconde en geología compleja ni en modelos de simulación, sino en leer con cuidado un contrato antiguo.

Mitsui salió fortalecido. Codelco demostró que podía jugar en las grandes ligas corporativas globales. Anglo sufrió el golpe más duro en la región en una década. Y Chile fue testigo de una operación que hoy se estudia en escuelas de negocios y cursos de derecho minero.

Cuando le preguntamos a Eduardo Zamanillo por la reflexión final, su respuesta suena a línea editorial:

“En minería, el que entiende primero dónde está el valor—y dónde está escondido—tiene ventaja. Esta vez el valor estaba en un contrato perdido en un archivo. Era cuestión de leerlo”.